Adicto a la Victoria…

 

 

En la Línea de arriba al final a la derecha está Andrés Moreau. En la línea de abajo de derecha a izquierda, en segundo lugar está Matías Tortorella, luego a la izquierda está Alejandro Chacón y luego a la izquierda de este está Antonio Quintero.

 

 

En estas fechas, es uno de esos momentos donde aumenta la cantidad de trabajo ya que la mayoría de las ligas entran en el período para registrar nuevos jugadores en el fútbol. Sin embargo, no todo es trabajo y el día de hoy quiero recordar uno de los momentos que me inició en esto del Derecho del Deporte.

Recuerdo cuando tenía 11 años, y cursaba el 5º grado, en el Colegio Francia, ya había ganado un par de medallas en diferentes actividades deportivas. Sin embargo, no sabía que pronto iba a vivir uno de esos momentos que te marcan en la vida. Tal vez para otras personas, son  insignificantes, pero cuando los vives, dejan una huella en ti.

El Colegio Francia, en aquella época, tenía una gran división social. Primero entre los franceses (estudiantes que no eran necesariamente franceses pero estudiaban en sección francesa), y  los venezolanos ( estudiantes que no eran necesariamente venezolanos pero estudiaban en sección venezolana). Entre estos 2 grupos se formaban golpizas cada recreo, por un odio sin razón.

Además, por cada año, en la sección venezolana, existían dos secciones además de las ya descritas, la “A” y la “B”. Yo me encontraba en la “A”. Todos los estudiantes de la “A” tenían problemas con los estudiantes de la “B”, una rivalidad normal. Había algunos estudiantes de la “B”, que se la tiraban de malos, tramposos, y de niños problemas.  Esta conducta, retadora y fanfarrona propiciaba choques en cada enfrentamiento que tenían las dos secciones. Y un día llegó el momento de un verdadero enfrentamiento entre estos grupos, “Los Interclases”.

Tenía ya 3 años estudiando en el Colegio Francia y nunca había escuchado de “Los Interclases”, que eran unas competencias entre las diferentes secciones del Colegio Francia, en diferentes deportes. Nada más espectacular que “Los Interclases”, si alguna vez querías saber que se sentía ser una estrella del deporte, este era el sitio para ti. La mayoría de los partidos se celebraban en la cancha principal de fútbol, básquet y voleibol, del Colegio, entre los edificios de la sección venezolana y de la sección francesa. Esto producía que cada enfrentamiento entre los 2 bandos llenara los edificios de personas apoyando a su equipo, con mucho fervor. Muy parecido al ambiente de un estadio.

Y llegaron “Los Interclases” en futbolito, donde nos enfrentábamos al menos a 4 equipos, es decir todos los 5º grado del Colegio Francia (Sección “A” Francesa, Sección “B” Francesa, Sección “B” Venezolana y Sección “A” Venezolana (mi equipo)).  Cada equipo tenía a su estrella, en la “B” Francesa, estaba Christian Surmont, (primero un rival, luego un gran compañero y un gran amigo), no tenía mucha técnica para ese momento, aunque era rápido, y tenía un cañón en la pierna derecha. Luego en la Sección “A” Francesa, estaba Maxime Corneli, ( Rival y Compañero de la selección del Colegio Francia, terminaría dejando el fútbol por el Basquetbol). En la Sección “B” Venezolana, habían muy buenos jugadores no solo uno, estaba Alejandro Chacón (Luego terminó en la Sección “A” formando un gran equipo, y es un gran amigo), Javier Pérez( El malote del Colegio, luego se convirtió en amigo), y otros que no logro recordar. En nuestro salón teníamos a un recién llegado, que era de descendencia argentina, Matías Tortorella, (Tenía una gran técnica, y colocaba bien el balón, y es un gran amigo el día de hoy) y también teníamos a un gran portero Andrés Moreau, (un gordo, con una grandísima agilidad, y malicia, que tapaba muy bien el arco y es un gran amigo el día de hoy).

El primer choque fue siempre uno de los más importantes, porque nos enfrentábamos a nuestros grandes rivales de la sección “B”. Mientras ellos venían fanfarroneando, nosotros teníamos algo que probar, una llama que quema por dentro, necesitábamos demostrarles de una vez por todas quienes eran los mejores. Y empezó el partido. Recuerdo que jugué medio tiempo, para cuando yo salí, estábamos 1 a 1. En el segundo tiempo empezamos perdiendo, y para sorpresa de muchos, faltando pocos minutos, le dimos la vuelta al marcador 3 a 2. Increíble partido, donde nos abrazamos al final  celebrando, sin saber que la competición apenas comenzaba. Pensábamos que ya le habíamos ganado a los mejores preparados.

Luego vino el partido contra el equipo de Sección A Francesa. Un partido muy duro, del cual no recuerdo mucho más que el resultado de 2 a 1 en nuestro favor.  Luego fuimos contra el equipo de Christian Surmont (Sección B Francesa), y ese día no se que le sucedió a ese equipo, pero le salieron las cosas mal, y perdieron 3  a 1 con nuestro equipo, siendo que no jugaban mal.

Antes de este último partido, hubo una serie de problemas internos en nuestro equipo y votamos a algunos miembros, reduciendo así la plantilla. Fue un doble golpe de estado, porque se cambió 2 veces de capitán. Viendo esto en retrospectiva fue bastante divertido, aunque para aquel entonces fue un momento muy tenso dentro del equipo. Todo se hizo a través de papelitos y una reunión en plena clase de matemáticas. Cuando sonó el timbre del recreo ya todo estaba listo.

Y llegamos a la FINAL. Había clasificado para sorpresa de todos, el equipo de Sección A Francesa, donde militaba Maxime Corneli, que para ese momento era el goleador de la selección de futbolito del Colegio Francia, fue el que clasificó a la final con nuestro equipo. Esta iba a ser la segunda vez que los enfrentábamos, y allí descubrí, que no importa contra quien, las finales siempre son juegos distintos.

El partido empezó. Recuerdo que yo jugué el primer tiempo como siempre. Todos teníamos turnos, para así jugar todos, excepto Matías y Moreau, que jugaban todo el partido. En el primer tiempo, quedamos 1 a 1. Y el drama se vino en el segundo tiempo, donde  empezamos perdiendo. El equipo se fue encima, y no conseguíamos el gol. Era frustración tras frustración. Y el reloj se acababa. Muchos pensamientos venían a mi mente fuera del campo, tenía miedo de perder lo que habíamos construido. Pero cuando ya había perdido mis esperanzas, llegó un tiro libre a 6 metros del arco, del costado derecho del campo, faltando 3 minutos para que se terminara el juego, y Matías lo clavó en el fondo de la red, gritamos como locos.  Matías luego me contó que para ese momento, no sabía si chutar duro o colocado, de repente vio un huequito en la barrera y dijo que por allí la iba a pasar, y por ahí paso!.

Terminó el tiempo reglamentario y fuimos a extra tiempo. Momentos de mucho drama, salvadas espectaculares y buen fútbol, había ese día en la verbena del Colegio Francia. Muchas personas congregadas, y muchos papas opinando sin saber. Y digo sin saber, porque una cuestión es saber de fútbol y otra es conocer el medio. Conocer a los equipos y a los jugadores, era algo que solo nosotros sabíamos.

Entre tanto drama terminaron los tiempos extra y seguíamos empatados. Por esto fuimos a penales. Recuerdo que era un final digna de película, ya que hacia algunos años, Brasil había derrotado a Italia en la primera Final de una Copa del Mundo de la FIFA que fue a penaltis. Si mal no recuerdo, nosotros empezamos anotando, y ellos fallaron, estábamos tranquilos, pero luego nosotros fallamos el segundo penalti y ellos anotaron. Y el tercer penalti lo anotaron los 2, Matías con un tiro magistral en la esquina superior izquierda. Había practicado mucho ponerla allí. Finalmente vino el cuarto tiro, y nosotros anotamos y ellos fallaron, y Andrés fue el héroe, salvando 2 penaltis. Salimos corriendo y nos abrazamos todos gritando, “Campeones, Campeones, oe, oe , oe”, durante un par de minutos. Una alegría indescriptible.

Durante ese tiempo, y unos minutos después, sentí algo que nunca había sentido, era una sensación que contenía mucha adrenalina y felicidad a la vez, donde nos sentíamos los más grandes del mundo, aunque éramos unos pichurros que no habían ganado nada.  Fue una sensación parecida a la del final de la película de Will Smith “La Búsqueda de la Felicidad”, cuando el obtiene el trabajo y sale a la calle, y empieza a aplaudir y a dar brincos para sí mismo.  Es una sensación indescriptible, una sensación que el dinero no puede comprar, una sensación de gloria.

A partir de ese momento, me volví adicto a esa sensación, y siempre peleo, mas por llegar a la final y sentirla, que por cualquier cantidad de dinero. Es la emoción de alcanzar el éxito lo que me lleva a hacer las cosas. Entre más difíciles son, más llaman mi atención.  Si son casi imposibles, la tentación me arrastra a tomar esos objetivos. Porque las situaciones fáciles no producen esa sensación. Hacer trampa, pagarle a alguien, etc, le quitan el sabor a la victoria.

Esa es la gran enseñanza que me dejo el fútbol.

En estas navidades este es el mensaje que yo quiero enviar a todos los deportistas y a las personas en general, nunca olviden, porque empezaron a jugar. No fue por el dinero, fue por el instinto natural que tenemos los seres humanos de buscar la victoria.  Es el momento, de dejar de ser profesionales y convertirnos en seres humanos. Es el momento de recordar que hay que dar lo máximo cuando se está compitiendo. Es el momento de recordar, que tenemos una sangre que hierve nuestras venas, que nos impulsa a algo más que el dinero o la victoria, y eso es la gloria.

 

Me despido de ustedes por este año, y les deseo una Feliz Navidad y un Feliz Año nuevo!!. No olviden perseguir la gloria en todo lo que hagan, en este nuevo año!.

Un Abrazo a todos

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